Marta Pérez

Cuando descendí del coche de Laura y pisé Villa Amatista por primera vez, poco o nada sabía de lo que me esperaba ni el Inmenso Regalo que me hacía. En mi mente alguna expectativa fugaz y el deseo de entregarme a unas semanas de retiro en las que además disfrutaría de mi preciada Respiración, sin saber aún ¡cuanto me había restado! antes de dar el mejor SI de mi Vida.

Me espera María Luisa con los brazos abiertos en la puerta de un micro-mundo, en un micro-tiempo, en que todo se gesta con la naturalidad de la Inocencia que yo desconocía. Su abrazo libera mis miedos, y me entrego segura al desarrollo de los acontecimientos que se suceden como milagros, uno tras otro, ante el asombro de mi “agotada “ alegría que empieza a despuntar con las primeras presentaciones de los que han sido mis Compañeros de Camino.

Cada día, agradezco el privilegio, la oportunidad, la invitación y la inspiración que  me regaló la valentía para dar este paso, que ha abierto  mi Camino Vital y con él, mi Propósito de Vida.

Cada día Respiro y Vivo.

Respirar es Vivir y Vivir es Vibrar.

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